Cita Bíblica del día de hoy: Isaías 41:10.
Isaías 41:10 Reina-Valera 1960
10 No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
¿ Por qué murió Jesús ? Él no fue un loco suicida, que había perdido las ganas de vivir; tampoco era un revolucionario social, ...
Isaías 41:10 Reina-Valera 1960
10 No temas, porque Yo estoy contigo; no desmayes, porque Yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.
Salmo 46:1 Reina-Valera 1960
1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
Lamentaciones 22-23 Reina-Valera 1960
22 Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. 23 Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad.
Salmo 24:1 Reina-Valera 1960
1 De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo, y los que en él habitan.
Deuteronomio 4:39 Reinas-Valera 1960
39 Aprende pues, hoy, y reflexiona en tu corazón que Jehová es Dios arriba en el cielo y abajo en la tierra, y no hay otro.
1 Crónicas 16:34 Nueva Biblia Viva
34 Den Gracias al Señor, porque Él es bueno; su amor y bondad continúan para siempre.
Salmo 46:10 Reina-Valera 1960
10 Estad quietos y conoced que yo soy Dios; seré exaltados entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
P.d. En los siguientes días estudiaremos sus atributos y su carácter.
2 Pedro 1:21 Reina-Valera 1960
21 Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.
Mateo 4:4 Reina-Valera 1960
4 Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda Palabra que sale de la boca de Dios.
Cita Bíblica del día de hoy: 2 Timoteo 3:15-17.
16 Toda escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
Salmo 119:105 Reina-Valera 1960
105 Lámpara es a mis pies tu Palabra, y lumbrera a mi camino.
8 Los mandamientos de Jehová son rectos, que alegran el corazón; el precepto de Jehová es puro, que alumbra los ojos.
Juan 17:17 Reina-Valera 1960
17 Santifícalos en tu verdad; tu Palabra es la Verdad.
Éxodo 24:4a Reina-Valera 1960
4a Y Moisés escribió todas las palabras de Jehová…
2 Corintios 5:20 Reina-Valera 1960
20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.
Romanos 12:2 Nueva Versión Internacional
2 No se amolden al mundo actual, sino sean transformados mediante la renovación de su mente. Así podrán comprobar cómo es la voluntad de Dios: buena, agradable y perfecta.
Tito 3:5 Reina-Valera 1960
5 nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.
Isaías 43:25 Nueva Biblia Viva
25 Yo, sí, sólo yo soy quien borra sus pecados por amor de mí mismo y nunca más los recordaré.
Isaías 55:6-7 Reina-Valera 1960
6 Buscad a Jehová mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.
7 Deje el impío su camino y el hombre inicuo sus pensamientos, y vuélvase a Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar.
2 Corintios 5:18-19 Reina-Valera 1960
18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.
La naturaleza de todo ser humano es pecaminosa y estamos separados de Dios: “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” Romanos 3:23. Esto significa que, debido a nuestros pecado, estamos separados de Dios y que nuestra relación con Él no puede ser restaurada por nuestros propios medios.
El apóstol Pablo nos dice que a pesar de estar separados de Dios, podemos ser reconciliados por la muerte del Hijo de Dios: Jesucristo. La muerte de Cristo fue un sacrificio perfecto que nos permite ser justificados ante Dios a pesar de nuestros pecados: Somos justificados por su Sangre (Romanos 5:9).
Pero Cristo no solo murió por nuestros pecados, sino que también resucitó, venciendo la muerte y nos ofrece la reconciliación, el perdón y vida eterna. La reconciliación con Dios es un regalo inmerecido y una muestra de su gran amor, misericordia y gracia para la humanidad.
Nos encontramos ante la más profunda verdad de amor: aunque éramos enemigos de Dios. Él nos buscó, y a través de la muerte de Cristo su Hijo, nos ofrece la reconciliación. Como hijos de Dios, Jesucristo nos ha reconciliado con Dios, podemos vivir en una renovada esperanza e íntima relación con Él, si por fe lo aceptamos como nuestro Señor y Salvador, Yo ya lo ha hecho, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
Josué 24:14-15 Traducción en Lenguaje Actual
24 Luego Josué añadió: Respeten a Dios, obedézcanlo, y sean fieles y sinceros con Él. Desháganse de los dioses que sus antepasados adoraban en Mesopotamia y en Egipto, y obedezcan sólo a Dios. 15 Si no quieren serle obedientes, decidan hoy a quién van a dedicar su vida. Tendrán que elegir entre los dioses a quienes sus antepasados adoraron en Mesopotamia, y los dioses de los amorreos en cuyo territorio ustedes viven. Pero mi familia y yo hemos decidido dedicar nuestra vida a nuestro Dios.
La misión de la congregación cristiana es glorificar a Dios y expandir Su Reino. Esto incluye vivir en comunidad, compartir el mensaje del Evangelio y servir a los demás con amor y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesús.
¿Ha descubierto usted el secreto, el secreto de una vida feliz?
¿O habrá algo que falte en lo más profundo de su ser, algún vacío que usted no ha podido llenar?
¿Quisiera encontrar la solución a su problema?
Las siguientes líneas tiene le propósito de ayudarle. Su lectura requiere poco tiempo y le dará a conocer cinco verdades vitales, vitales cuya comprensión le abrirá el camino a una vida que vale la pena vivirse.
La primera es LA VERDAD DEL AMOR. Dios le ama y desea que usted tenga vida abundante. Jesucristo mismo afirmó esta verdad. En una celebre conversación, sostenida con prominente catedrático de su día la expresó en estas palabras:
De esta declaración se desprende 3 consideraciones: la universalidad, la intensidad y la finalidad del amor divino.
El amor de Dios es universal en su alcance. ''Amo Dios el mundo'', sin excluir a nadie. Dios no tiene favoritos, sino que incluye a todos en el infinito abrazo de su buena voluntad.
Además, su pasión por el mundo es extremadamente intensa. “De tal manera amó… que ha dado a su Hijo unigénito”. No simplemente dice que nos ama; lo ha comprobado en una forma que no deja lugar a dudas: por el sacrificio del Hijo de su amor. En la cruz se hace patente cuánto nos ama nuestro Padre celestial. Y la finalidad, o sea el propósito, de su entrañable amor es que cada uno de nosotros tenga “vida eterna”.
Pero ¿qué cosa es “vida eterna”? Es mucho más que una simple existencia interminable; es una nueva clase de vida que se empieza a disfrutar aquí mismo en la tierra y que perdura por toda la eternidad. En la palabra “vida eterna” es la “vida abundante” de la cual habló Cristo cuando dijo:
Lo que el amor de Dios le ofrece es una vida abundante. Abundante en gozo, en paz, en pureza, en poder y en seguridad. No es el deseo divino que arrásate usted una existencia miserable de amargura, inquietud, derrota moral e inseguridad.
Tal vez lo dicho hasta aquí hace surgir en su mente una pregunta perturbadora. Si Dios me ama tanto y desea que yo tenga una vida abundante, ¿Por qué no la tengo? ¿Por qué será que mi vida carece de gozo, de paz, de pureza, de poder y de seguridad? La respuesta se encuentra en la segunda verdad vital, o sea LA VERDAD DEL PECADO. El pecado le separa de Dios y le priva de la vida abundante. Es el apóstol Pablo quien nos formula esta verdad en su carta a los creyentes de Roma.
“Todos pecaron”, dice Pablo. ¡Qué fuerte es esta palabrita! “Todos” !Me incluye a mí, y también a usted, ¿verdad? ¡Si! El pecado es una experiencia universal. Pero esto no es todo lo que texto afirma; también nos hace ver cuál es la consecuencia de nuestro pecado: nos ha destituido de la gloria de Dios.
Según el diccionario de la Real Academia Española, la palabra “destruir” significa “privar a uno de alguna cosa; separa a uno de su cargo como corrección o castigo”. Esto es lo que precisamente lo que ha hecho nuestro pecado: nos ha separado de Dios y nos ha privado de la vida abundante que él desea que tengamos.
Por esta razón nuestra vida carece de gloria. Y como si esto no fuera suficiente, el Apóstol nos advierte que si persistimos en nuestro pecado nos espera todavía algo peor:
¡Qué cosa tan tremenda es el pecado! Podríamos decir que se ha cavado un abismo profundo y ancho que nos mantiene alejados de Dios y de la vida eterna y abundante que él nos quiere dar. Separándonos de Dios nos priva de gloria en esta vida y de esperanza en la venidera.
¿No habrá remedio para esta terrible condición? ¡Gracias a Dios que sí lo hay! Se halla expresado en la tercera verdad: LA VERDAD DEL SUBSTITUTO. Jesucristo tomó el lugar de usted y de mí en la cruz. Así pagó el precio completo de la salvación, haciendo posible que usted y yo volvamos a Dios. De los muchos textos bíblicos que enseñan esta verdad daremos solo uno:
A pesar de nuestro pecado el Padre Celestial todavía nos sigue amando. La suprema demostración de su amor la tenemos en el envío de su Hijo al mundo para actuar como nuestro SUBSTITUTO. Dejando la gloria del cielo, tomó nuestra naturaleza humana al nacer de la virgen María Durante treinta y tres años vivió en este mundo como hombre, sujeto a las mismas tentaciones que nosotros, pero jamás pecó.
Luego, habiendo triunfando sobre todos los ataques del maligno, se echó a cuestas nuestras culpas y sufrió por nosotros el castigo que justamente merecieron nuestros pecados. Lo sepultaron pero al tercer día resucitó. Después de cuarenta días , en que se apareció varias veces a los suyos para comprobar la realidad de su resurrección, ascendió otra vez al cielo donde está intercediendo por todo los que en él confían. Desde allí vendrá algún día en gloria inefable para resucitar a los muertos, juzgar al mundo e inaugurar su reino eterno de justicia y de paz.
De esta manera el Señor Jesucristo ha hecho el puente que pasa por encima del gran abismo creado por nuestro pecado y que nos tiene separados de Dios. Como él mismo decía:
Habiendo, pues, un camino por el cual uno pueda volver a estar en comunión con Dios, ¿qué hay que hacer para aprovecharlo? La respuesta tiene dos partes. La primera parte se encuentra en la cuarta verdad: LA VERDAD DEL ARREPENTIMIENTO. Para poder volver a Dios, necesita usted arrepentirse de sus pecados. Quizá la expresión más clara de esta verdad fue dada por el apóstol Pedro cuando en uno de sus sermones dijo:
“Arrepentirse” significa dar media vuelta para poder caminar en la dirección opuesta. Por naturaleza (y por voluntad también) usted y yo andamos por el camino del pecado. Por este camino no nos vamos a encontrar con Dios nunca, por que Dios no es pecador. Si queremos volver a estar en comunión con nuestros Padre celestial tenemos que dar la media vuelta; tenemos que reconocer que andamos mal, tenemos que confesar a Dios que andamos mal, y tenemos que tener el deseo sincero de dejar de andar mal. En otras palabras, el arrepentimiento es un cambio espiritual profundo respecto al pecado: un cambio de opinión, de actitud, de sentimiento y de voluntad.
Pero el arrepentimiento solo no basta. Cuando uno se convence de la realidad terrible de su pecado, cuando confiesa sinceramente a dios su maldad, y cuando siente un deseo profundo de dejar su mal camino, inmediatamente se da cuenta de que el querer no es poder. Algo más le falta para poder zafarse de las cadenas que le detienen. Necesita ayuda, la ayuda de alguien que ha comprobado ser más poderoso que el pecado y aun que la muerte. ¡Solamente UNO bah llenado tan exigente requisito: el santo Hijo de Dios!.
Esta consideración nos lleva enseguida la última de las cinco verdades vitales: LA VERDAD DE LA FE. La vida eterna y abundante es una dádiva que Dios le ofrece en Cristo. Será suya si le recibe a él por fe como su Señor y Salvador.
Cuando hablámos de “la verdad del pecado” leímos parte de una declaración que hizo el apóstol Pablo a los cristianos de Roma. Ahora queremos volver a ese mismo texto bíblico para verlo en su totalidad:
Aquí se afirma que la vida eterna —esta vida abundante en gozo, paz, pureza, poder y seguridad — es una dádiva, o sea un regalo de Dios. Los Regalos son pagados por la persona que los obsequia. Quien lo recibe no paga nada. Así es que la vida eterna, que es la dádiva más valiosa que se pueda imaginar, le costó un precio enorme a nuestro Padre celestial, le costó la vida de un Hijo. Por tanto, usted y yo no tenemos que pagar, solo tenemos que recibir.
En verdad, si quisiéramos pagar no podríamos hacerlo, porque el valor de la vida eterna está mucho más allá de todo esfuerzo o mérito humano.
Además, si pretendiésemos pagar, ofenderíamos a Aquel que nos ofrece el regalo.
Antes de presentar un obsequio, las personas bien educadas siempre tienen el cuidado de hacerle a su regalo una envoltura atractiva. Así también ha hecho nuestro Dios; ha envuelto la dádiva de la vida eterna "en Cristo Jesús. No ha colocado este precioso don en ninguna otra persona ni en otra parte alguna. Lo puso exclusivamente en la persona y en la obra de su Hijo. Entonces, para poder recibir este regalo de Dios, tenemos que recibir a Cristo mismo en nuestro corazón, por que la vida eterna esta en él.
Pero observemos una cosa más. Dice el texto que estamos comentado que "la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro".
Quiere decir, pues, que al recibir a Cristo en nuestro corazón, hemos de recibirle como SEÑOR de nuestra vida.
Cuando Dios creó al hombre le puso en el Huerto de Edén, rodeado de toda cosa buena y hermosa. De todo disponía, menos de una sola cosa. Como símbolo de la soberanía divina, Dios le prohibió a Adán que comiera del fruto del árbol de la ciencia del bien y del mal.
Mientras que el hombre respetaba esa prohibición estaba diciendo en efecto que quien mandaba en el mundo era Dios. Pero por desgracia el hombre no quiso seguir respetando la soberanía divina. Se rebeló en contra de su Creador. Extendió la mano y tomó el fruto prohibido. Con ese acto dijo: "El que manda aquí soy yo". Y como consecuencia de aquel acto de rebelión le ha sobrevenido a la humanidad todo el cúmulo de desastres que narra la historia y que los periódicos proclaman cada día.
La raíz y la esencia de todo pecado es precisamente la negación de la legítima soberanía de Dios en nuestra vida. Por esto quedó Adán desterrado del paraíso, y por esto mismo usted y yo estamos "destituidos de la gloria de Dios". Por tanto, si queremos recuperar la gloria perdida, tenemos que hacer lo contrario de lo que hizo Adán; tenemos que bajar del trono de nuestro corazón al yo que ha mandado hasta ahora, e invitar a CRISTO a entrar para ser nuestro SEÑOR y REY.
Esto es lo que significa "creer en Cristo". La fe cristiana no es una simple creencia en ciertos hechos históricos, por verídicos que esto sean. Es más bien la recepción en el corazón de una Persona a quien se le entregan las riendas de la vida.
Así lo explicó el apóstol Juan:
Cristo vino a su pueblo. Poncio Pilato lo presento diciendo: "He aquí vuestro Rey". Y ellos contestaron: "No tenemos más rey que Cesar". Ellos lo rechazaron, pero todo aquel que lo recibe por fe, como Rey de su corazón, llega por esta misma decisión a ser hechos un hijo de Dios.
Entonces queda claro lo que usted debe hacer para tener la vida eterna: necesita invitar a Cristo a entrar en su corazón como Rey y Señor de su vida. Él desea entrar, pero espera ser invitado. Escuche sus palabras:
¿Le invitará usted? Permítanos ayudarle. Lea con cuidado la oración que se encuentra a continuación. Si está usted de acuerdo con lo que dice y si de todo corazón desea someter su vida a la soberanía de Cristo ponga su firma y escriba la fecha en los espacios en blanco dejados para este fin.
Señor Jesús, he buscado la paz, el poder y la felicidad sin hallarlos. Ahora comprendo la razón. Es que mi pecado me separado de Dios, privándome de la vida abundante que él me quiere dar. Pero sé que por amor tu dejaste la gloria para morir en la cruz por mí. Pagaste el precio completo de la salvación, y por tu vida, tu muerte y tu resurrección me abriste el camino para volver a Dios. Señor Jesús, quiero dejar mis pecados. Y sabiendo que solo tu me puedes dar el poder necesario para vivir como debo, te invito a venir a mi corazón para perdonar mis pecados y para ser Dueño de mi voluntad de hoy en adelante. Por fe te recibo ahora como mi Señor y Salvador.
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Firma
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Fecha
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Lugar
Deuteronomio 10:12-13 Traducción en Lenguaje Actual
12 ¿Qué espera Dios de ustedes? Simplemente que lo respeten y obedezcan, y que lo amen y adoren con todo su ser. 13 Dios espera que ustedes obedezcan todos sus mandamientos, para que les vaya bien.
La misión de la congregación cristiana es glorificar a Dios y expandir Su Reino. Esto incluye vivir en comunidad, compartir el mensaje del Evangelio y servir a los demás con amor y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Guardar sus testimonios es lo mismo que andar en la ley de Dios. “Guardar” significa hacer, no solamente oír, tampoco es suficiente que leamos, entendamos o meditemos en la Palabra de Dios, sino que, por amor y obediencia, debemos ponerlos en práctica en cada momento de nuestra vida.
Son Bienaventurados (felicísimos, dichosos) los que guardan y obedecen los testimonios de Dios, lo que implica que la leen, estudian, escudriñan, memorizan, meditan y la obedecen, porque primero se debe conseguir una cosa antes de conservarla y guardarla, así es con la Palabra de Dios.
“Y con todo el corazón le buscan” Charles Spurgeon dijo: “Dios no es buscado verdaderamente por las frías investigaciones del cerebro: debemos buscarlo con el corazón”. La verdadera bendición surge cuando la búsqueda de Dios es apasionada, honesta y sin lealtades divididas. Con todo nuestro ser.
Como hijos de Dios debemos obedecer la Palabra de Dios no solo conocerla, permitiendo que moldee nuestra conducta, hacerlo con todo el corazón, porque a Dios no le agrada que lo busquemos a medias, Él anhela una búsqueda sincera, apasionada e íntima, con todo el corazón. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
La misión de la congregación cristiana es glorificar a Dios y expandir Su Reino. Esto incluye vivir en comunidad, compartir el mensaje del Evangelio y servir a los demás con amor y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Al término de la construcción del templo en Jerusalén y en plena dedicación, Dios se le aparece al rey Salomón y al pueblo. Es un tiempo de alegría y gozo, pero también de consagración espiritual. Dios les hace promesas pero también les pide fidelidad y obediencia total a su Palabra.
Dios no busca solo obediencia externa, sino un corazón que ande, que viva ante Él con integridad y santidad. Esto no significa perfección sin pecado, sino un corazón dispuesto a arrepentirse y a vivir en obediencia a Él. La obediencia es la prueba de nuestra fe y el camino para la comunión íntima con Dios.
Dios les (nos) hace una promesa condicional, es decir, Dios se compromete a oír nuestra oración, perdonar sus pecados, sanar la tierra si ellos son fieles y obedecen sus mandatos, pero si no lo hacen, Dios no solo no hará lo prometido, sino que también los entregará a sus enemigos y los alejará de Su presencia.
Como hijos de Dios examinemos nuestro andar diario y estemos conscientes de la presencia de Dios en nuestra vida, obedezcamos Su Palabra y vivamos en integridad y santidad, por último, renovemos nuestro compromiso de obediencia a Él en respuesta de su gran Amor. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
La misión de la congregación cristiana es glorificar a Dios y expandir Su Reino. Esto incluye vivir en comunidad, compartir el mensaje del Evangelio y servir a los demás con amor y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesús.
Este versículo nos enseña la importancia de meditar en la Ley de Dios (Biblia), lo que puede ser confuso para algunos. Meditar no implica simplemente leer la biblia y después olvidarla, significa reflexionar sobre lo que hemos leído para buscar una comprensión más clara y profunda para ponerla en práctica.
Meditar proviene de la palabra hebrea “Hagah”, lo que sugiere murmurar o repetir, esto significa que debemos pensar, reflexionar, considerar, pensar y/o repasar constantemente en la Palabra de Dios. Meditar en la Biblia nos ayuda a relacionarnos más estrechamente con Dios.
Pero leer y meditar en la Palabra de Dios no es suficiente si no la ponemos en práctica, sí es necesario e indispensable leerla y meditar en ella, porque esta es la mejor manera de conocer la voluntad de Dios para nuestra vida, tomar decisiones sabias y recibir bendición de Dios.
El salmo 1:3 dice que lo que meditan en la ley de Dios son como árboles plantados junto a corrientes de agua, que dan su fruto a su tiempo y su hoja no se marchita; y prosperan en todo lo que hacen. Como hijos de Dios, no dejemos de leer, meditar y obedecer la Palabra de Dios en todo tiempo. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
La misión de la congregación cristiana es glorificar a Dios y expandir Su Reino. Esto incluye vivir en comunidad, compartir el mensaje del Evangelio y servir a los demás con amor y compasión, siguiendo el ejemplo de Jesús.