La misión del cristianismo evangélico se centra fundamentalmente en lo que se conoce como la
Gran Comisión, tal como se describe en los evangelios, especialmente en Mateo 28:19-20.
3 Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, 4 digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
La Grandeza de Dios y Nuestra Pequeñez.
El rey David antes de ser rey fue pastor de ovejas y tuvo mucho tiempo para observar los cielos. A simple vista se pueden ver unas 5000 estrellas, con un telescopio de 4 pulgadas unos 2 millones, con uno de 200 pulgadas más de ¡mil millones de estrellas! Todas colocadas en perfecto orden.
Estos versículos nos enseñan sobre la inmensidad del universo y el valor invaluable que tenemos para Dios. El Rey David, al contemplar el cielo, experimenta asombro y se maravilla de que el Dios Todopoderoso, Creador del universo, se preocupe y piense en los seres humanos tan frágiles y pequeños.
Cuando observamos y pensamos en la inmensidad del universo, desde las galaxias más lejanas hasta los detalles más pequeños de la naturaleza, es fácil sentirnos insignificantes, pero ante los ojos de Dios somos lo más valioso, tanto como para enviar su Hijo a pagar por nuestros pecados y reconciliarnos con Él.
Lo que parece verdaderamente asombroso y nos deja sin palabras, no es la grandeza del universo, sino la atención que Dios nos da a nosotros, y que, a pesar de nuestra pequeñez y nuestros pecados, Dios nos conoce y aun así, Él decide amarnos. Alabemos y glorifiquemos a nuestro Dios. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
2 Grandes son las obras del Señor, buscadas por todos los que se deleitan en ellas.
Deleitarnos en Dios.
El salmo 111 nos habla del cuidado, protección, provisión y salvación que Dios ofrece a su pueblo. El versículo 2 nos enseña que el deleite en Dios nos lleva a la investigación. Cuando reconocemos la grandeza de las obras de Dios, nuestro corazón se fascina tanto que nos lleva a la adoración.
Meditar en las escrituras y observar el mundo que nos rodea no es una carga pesada, sino una respuesta natural al amor que Dios nos da. Al igual que una persona enamorada, observa, estudia y se admira de cada detalle de la persona amada, el hijo de Dios glorifica a Dios por sus obras.
Por lo general, el deseo precede al descubrimiento, en hebreo la palabra usada para deleitarse implica considerar algo profundamente valioso. Nada extraordinario sucede en nuestra vida espiritual si no anhelamos descubrir, experimentar y deleitarnos en la presencia de Dios.
Como hijos de Dios deseemos deleitarnos en Dios, dediquemos tiempo para buscarlo. Ya sea en la naturaleza, en la historia o en las escrituras Dios está presente. Seamos intencionales y dispongamos nuestro corazón para buscar y encontrarnos con Dios, y para deleitarnos en Él. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
5 Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas; y tus pensamientos para con nosotros. No es posible contarlos ante ti. Si yo anunciare y hablare de ellos, no pueden ser enumerados.
Incontables son las Maravillas de Dios para sus Hijos.
En este capítulo se nos enseña una lección profunda sobre la fe, la gratitud y la confianza en Dios. Con frecuencia, cuando pasamos por momentos de angustia, es fácil sentirnos abrumados y pensar que Dios nos ha abandonado, pero la realidad es que Dios está a nuestro lado bendiciéndonos en abundancia.
“Has aumentado, oh Jehová Dios mío, tus maravillas y tus pensamientos para con nosotros” esto nos habla de lo grande que es el amor de Dios para sus hijos. Él siempre está pensando en cada uno de sus hijos, con “planes de paz y bienestar nunca de mal” Jeremías 29:11.
Son tantas las maravillas de Dios para nosotros que no es posible contarlas, si hiciéramos una lista de las bendiciones de Dios cada día, seguro se nos pasan muchas. Sabemos del gran amor de Dios con que nos ama, pero nunca podremos comprenderlo en toda su magnitud. “Porque de tal manera amó Dios al mundo…” Juan 3:16.
Como hijos de Dios recordemos que los planes y las maravillas de Dios a nuestro favor son incontables, que en medio de las dificultades, Dios nos invita a cambiar nuestra perspectiva: en lugar de enfocarnos en los problemas, contemos las innumerables bendiciones que Él nos da. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.