La misión del cristianismo evangélico se centra fundamentalmente en lo que se conoce como la
Gran Comisión, tal como se describe en los evangelios, especialmente en Mateo 28:19-20.
21 Muchos son los planes en el corazón del hombre, más el consejo del Señor permanecerá.
El Hombre Propone, y Dios Dispone.
Es parte de nuestra naturaleza planificar y prepararse para el futuro, algunos de esos planes pueden ser sabios y otros necios, pero hay muchos planes en nuestro corazón. Pero aunque tengamos muchos planes no olvidemos que, Dios en su Sabiduría y Soberanía, sus planes son los que prevalecerán sobre los nuestros.
“Los planes en el corazón” esto significa que dedicamos tiempo y energía a imaginar y planificar, y que, haremos todo nuestro esfuerzo para hacerlos realidad como si tuviéramos el control absoluto de las cosas. Los seres humanos hacemos planes (Debemos) pero cada plan debe hacerse bajo la voluntad de Dios para nuestra vida.
“Más el consejo del Señor permanecerá” Dios tiene una perspectiva completa del tiempo y de nuestra vida, su Soberanía nos enseña 2 verdades reconfortantes: a) Su protección, cuando las cosas no salen como las planeamos Dios nos libra del camino equivocado, b) Su propósito, Dios cambia nuestro camino a uno mejor.
Cuando nuestros planes son interrumpidos o no avanzan, preguntémonos ¿Estoy siguiendo mis planes y deseos o la voluntad de Dios para mi vida?. Como hijos de Dios recordemos que, no debemos sentir temor sino paz y gozo, cuando el propósito de Dios prevalece en nuestra vida. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
15 Más bien, deberían decir: “Si Dios quiere, viviremos y haremos esto o aquello”.
Si Dios Quiere, Sus Planes mejores que los míos.
Planificar el futuro es natural, es muy común hacer planes detallados: el trabajo, la carrera, finanzas o vacaciones. En sí, organizarse no es malo, el problema surge cuando excluimos a Dios de nuestros planes, eso es arrogancia, autosuficiencia e ignorancia, porque el mañana no nos pertenece.
Al igual que en aquel tiempo, vivimos como si tuviéramos el control absoluto del tiempo, de nuestras fuerzas, como si el día de mañana lo tuviéramos asegurado. Nos olvidamos que somos seres humanos frágiles, que en cualquier momento nos enfermamos y/o termina nuestra vida.
Debemos recordar que es necesario e imprescindible buscar la voluntad de Dios, incluirnos en sus planes para nosotros y no “incluir” a Dios en los nuestros. En lugar de hacer planes fuera de la voluntad de Dios, pasemos tiempo en oración, el estudio y meditación de Su Palabra y busquemos la dirección del Espíritu Santo.
La verdadera sabiduría radica en la humildad. Santiago no nos pide que dejemos de hacer planes, sino que cambiemos nuestra actitud. Al decir “Si Dios quiere” reconocemos que dependemos de Él para nuestra vida y que, Sus planes son mejores que los nuestros. Como hijo de Dios me someto voluntariamente y con humildad a su Señorío, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.
11 Mis planes para ustedes solamente yo los sé, y no son para su mal, sino para su bien. Voy a darles un futuro lleno de bienestar.
Dios Tiene un Plan para Nuestra Vida.
Él profeta Jeremías escribe esta carta al pueblo de Israel que estaban exiliados en Babilonia, que vivieron la experiencia del juicio de Dios, habían perdido sus hogares, vivían en tierra extranjera y sufrían gran dolor. En medio de la adversidad es fácil pensar que Dios está en nuestra contra y no a nuestro favor.
El plan de Dios para sus hijos es para nuestro bien, sus promesas y sus pensamientos para nosotros son de paz y bienestar nunca para mal, esto revela el corazón inmutable de Dios, su amor, gracia y misericordia son infinitas en medio de profunda incertidumbre y dolor.
En medio de la “Crisis” del pueblo, Dios no les prometió que los sacaría de inmediato, estarían 70 años en el exilio, pero que siguieran viviendo, trabajen, construyan casas, formen familias. Al final, el dolor y sufrimiento hacen volver el corazón a Dios, a buscarlo con sinceridad, y entonces, el plan de Dios se cumple.
Como hijos de Dios no midamos los “planes de bien” de Dios según nuestras expectativas y deseos, sino según su propósito en nuestra vida. Dios tiene un plan y un propósito para cada uno de nosotros, un plan grandioso y maravilloso más allá de lo que podemos imaginar. Confiemos en Él para formarnos, restaurarnos y guiarnos. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.