¿Ha descubierto usted el secreto, el secreto de una vida feliz?
¿O habr谩 algo que falte en lo m谩s profundo de su ser, alg煤n vac铆o que usted no ha podido llenar?
¿Quisiera encontrar la soluci贸n a su problema?
Las siguientes l铆neas tiene le prop贸sito de ayudarle. Su lectura requiere poco tiempo y le dar谩 a conocer cinco verdades vitales, vitales cuya comprensi贸n le abrir谩 el camino a una vida que vale la pena vivirse.
La primera es LA VERDAD DEL AMOR. Dios le ama y desea que usted tenga vida abundante. Jesucristo mismo afirm贸 esta verdad. En una celebre conversaci贸n, sostenida con prominente catedr谩tico de su d铆a la expres贸 en estas palabras:
"por que de tal manera amo dios al mundo, que ha dado a su hijo unig茅nito para que todo aquel que en el cree no se pierda mas tenga vida eterna"
De esta declaraci贸n se desprende 3 consideraciones: la universalidad, la intensidad y la finalidad del amor divino.
El amor de Dios es universal en su alcance. ''Amo Dios el mundo'', sin excluir a nadie. Dios no tiene favoritos, sino que incluye a todos en el infinito abrazo de su buena voluntad.
Adem谩s, su pasi贸n por el mundo es extremadamente intensa. “De tal manera am贸… que ha dado a su Hijo unig茅nito”. No simplemente dice que nos ama; lo ha comprobado en una forma que no deja lugar a dudas: por el sacrificio del Hijo de su amor. En la cruz se hace patente cu谩nto nos ama nuestro Padre celestial. Y la finalidad, o sea el prop贸sito, de su entra帽able amor es que cada uno de nosotros tenga “vida eterna”.
Pero ¿qu茅 cosa es “vida eterna”? Es mucho m谩s que una simple existencia interminable; es una nueva clase de vida que se empieza a disfrutar aqu铆 mismo en la tierra y que perdura por toda la eternidad. En la palabra “vida eterna” es la “vida abundante” de la cual habl贸 Cristo cuando dijo:
Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia
Lo que el amor de Dios le ofrece es una vida abundante. Abundante en gozo, en paz, en pureza, en poder y en seguridad. No es el deseo divino que arr谩sate usted una existencia miserable de amargura, inquietud, derrota moral e inseguridad.
Tal vez lo dicho hasta aqu铆 hace surgir en su mente una pregunta perturbadora. Si Dios me ama tanto y desea que yo tenga una vida abundante, ¿Por qu茅 no la tengo? ¿Por qu茅 ser谩 que mi vida carece de gozo, de paz, de pureza, de poder y de seguridad? La respuesta se encuentra en la segunda verdad vital, o sea LA VERDAD DEL PECADO. El pecado le separa de Dios y le priva de la vida abundante. Es el ap贸stol Pablo quien nos formula esta verdad en su carta a los creyentes de Roma.
“Porque no hay diferencia, por cuanto todos pecaron, y est谩n destituidos de la gloria de Dios”
“Todos pecaron”, dice Pablo. ¡Qu茅 fuerte es esta palabrita! “Todos” !Me incluye a m铆, y tambi茅n a usted, ¿verdad? ¡Si! El pecado es una experiencia universal. Pero esto no es todo lo que texto afirma; tambi茅n nos hace ver cu谩l es la consecuencia de nuestro pecado: nos ha destituido de la gloria de Dios.
Seg煤n el diccionario de la Real Academia Espa帽ola, la palabra “destruir” significa “privar a uno de alguna cosa; separa a uno de su cargo como correcci贸n o castigo”. Esto es lo que precisamente lo que ha hecho nuestro pecado: nos ha separado de Dios y nos ha privado de la vida abundante que 茅l desea que tengamos.
Por esta raz贸n nuestra vida carece de gloria. Y como si esto no fuera suficiente, el Ap贸stol nos advierte que si persistimos en nuestro pecado nos espera todav铆a algo peor:
“Porque la paga del pecado es muerte!
¡Qu茅 cosa tan tremenda es el pecado! Podr铆amos decir que se ha cavado un abismo profundo y ancho que nos mantiene alejados de Dios y de la vida eterna y abundante que 茅l nos quiere dar. Separ谩ndonos de Dios nos priva de gloria en esta vida y de esperanza en la venidera.
¿No habr谩 remedio para esta terrible condici贸n? ¡Gracias a Dios que s铆 lo hay! Se halla expresado en la tercera verdad: LA VERDAD DEL SUBSTITUTO. Jesucristo tom贸 el lugar de usted y de m铆 en la cruz. As铆 pag贸 el precio completo de la salvaci贸n, haciendo posible que usted y yo volvamos a Dios. De los muchos textos b铆blicos que ense帽an esta verdad daremos solo uno:
“Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo a煤n pecadores, Cristo muri贸 por nosotros”
A pesar de nuestro pecado el Padre Celestial todav铆a nos sigue amando. La suprema demostraci贸n de su amor la tenemos en el env铆o de su Hijo al mundo para actuar como nuestro SUBSTITUTO. Dejando la gloria del cielo, tom贸 nuestra naturaleza humana al nacer de la virgen Mar铆a Durante treinta y tres a帽os vivi贸 en este mundo como hombre, sujeto a las mismas tentaciones que nosotros, pero jam谩s pec贸.
Luego, habiendo triunfando sobre todos los ataques del maligno, se ech贸 a cuestas nuestras culpas y sufri贸 por nosotros el castigo que justamente merecieron nuestros pecados. Lo sepultaron pero al tercer d铆a resucit贸. Despu茅s de cuarenta d铆as , en que se apareci贸 varias veces a los suyos para comprobar la realidad de su resurrecci贸n, ascendi贸 otra vez al cielo donde est谩 intercediendo por todo los que en 茅l conf铆an. Desde all铆 vendr谩 alg煤n d铆a en gloria inefable para resucitar a los muertos, juzgar al mundo e inaugurar su reino eterno de justicia y de paz.
De esta manera el Se帽or Jesucristo ha hecho el puente que pasa por encima del gran abismo creado por nuestro pecado y que nos tiene separados de Dios. Como 茅l mismo dec铆a:
“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mi”
Habiendo, pues, un camino por el cual uno pueda volver a estar en comuni贸n con Dios, ¿qu茅 hay que hacer para aprovecharlo? La respuesta tiene dos partes. La primera parte se encuentra en la cuarta verdad: LA VERDAD DEL ARREPENTIMIENTO. Para poder volver a Dios, necesita usted arrepentirse de sus pecados. Quiz谩 la expresi贸n m谩s clara de esta verdad fue dada por el ap贸stol Pedro cuando en uno de sus sermones dijo:
“As铆 que, arrepent铆as y convert铆os, para que sean borrados vuestros pecados”
“Arrepentirse” significa dar media vuelta para poder caminar en la direcci贸n opuesta. Por naturaleza (y por voluntad tambi茅n) usted y yo andamos por el camino del pecado. Por este camino no nos vamos a encontrar con Dios nunca, por que Dios no es pecador. Si queremos volver a estar en comuni贸n con nuestros Padre celestial tenemos que dar la media vuelta; tenemos que reconocer que andamos mal, tenemos que confesar a Dios que andamos mal, y tenemos que tener el deseo sincero de dejar de andar mal. En otras palabras, el arrepentimiento es un cambio espiritual profundo respecto al pecado: un cambio de opini贸n, de actitud, de sentimiento y de voluntad.
Pero el arrepentimiento solo no basta. Cuando uno se convence de la realidad terrible de su pecado, cuando confiesa sinceramente a dios su maldad, y cuando siente un deseo profundo de dejar su mal camino, inmediatamente se da cuenta de que el querer no es poder. Algo m谩s le falta para poder zafarse de las cadenas que le detienen. Necesita ayuda, la ayuda de alguien que ha comprobado ser m谩s poderoso que el pecado y aun que la muerte. ¡Solamente UNO bah llenado tan exigente requisito: el santo Hijo de Dios!.
Esta consideraci贸n nos lleva enseguida la 煤ltima de las cinco verdades vitales: LA VERDAD DE LA FE. La vida eterna y abundante es una d谩diva que Dios le ofrece en Cristo. Ser谩 suya si le recibe a 茅l por fe como su Se帽or y Salvador.
Cuando habl谩mos de “la verdad del pecado” le铆mos parte de una declaraci贸n que hizo el ap贸stol Pablo a los cristianos de Roma. Ahora queremos volver a ese mismo texto b铆blico para verlo en su totalidad:
“Porque la paga del pecado es muerte, mas la d谩diva de Dios es vida eterna en Cristo Jes煤s Se帽or nuestro”
Aqu铆 se afirma que la vida eterna —esta vida abundante en gozo, paz, pureza, poder y seguridad — es una d谩diva, o sea un regalo de Dios. Los Regalos son pagados por la persona que los obsequia. Quien lo recibe no paga nada. As铆 es que la vida eterna, que es la d谩diva m谩s valiosa que se pueda imaginar, le cost贸 un precio enorme a nuestro Padre celestial, le cost贸 la vida de un Hijo. Por tanto, usted y yo no tenemos que pagar, solo tenemos que recibir.
En verdad, si quisi茅ramos pagar no podr铆amos hacerlo, porque el valor de la vida eterna est谩 mucho m谩s all谩 de todo esfuerzo o m茅rito humano.
Adem谩s, si pretendi茅semos pagar, ofender铆amos a Aquel que nos ofrece el regalo.
Antes de presentar un obsequio, las personas bien educadas siempre tienen el cuidado de hacerle a su regalo una envoltura atractiva. As铆 tambi茅n ha hecho nuestro Dios; ha envuelto la d谩diva de la vida eterna "en Cristo Jes煤s. No ha colocado este precioso don en ninguna otra persona ni en otra parte alguna. Lo puso exclusivamente en la persona y en la obra de su Hijo. Entonces, para poder recibir este regalo de Dios, tenemos que recibir a Cristo mismo en nuestro coraz贸n, por que la vida eterna esta en 茅l.
Pero observemos una cosa m谩s. Dice el texto que estamos comentado que "la d谩diva de Dios es vida eterna en Cristo Jes煤s Se帽or nuestro".
Quiere decir, pues, que al recibir a Cristo en nuestro coraz贸n, hemos de recibirle como SE脩OR de nuestra vida.
Cuando Dios cre贸 al hombre le puso en el Huerto de Ed茅n, rodeado de toda cosa buena y hermosa. De todo dispon铆a, menos de una sola cosa. Como s铆mbolo de la soberan铆a divina, Dios le prohibi贸 a Ad谩n que comiera del fruto del 谩rbol de la ciencia del bien y del mal.
Mientras que el hombre respetaba esa prohibici贸n estaba diciendo en efecto que quien mandaba en el mundo era Dios. Pero por desgracia el hombre no quiso seguir respetando la soberan铆a divina. Se rebel贸 en contra de su Creador. Extendi贸 la mano y tom贸 el fruto prohibido. Con ese acto dijo: "El que manda aqu铆 soy yo". Y como consecuencia de aquel acto de rebeli贸n le ha sobrevenido a la humanidad todo el c煤mulo de desastres que narra la historia y que los peri贸dicos proclaman cada d铆a.
La ra铆z y la esencia de todo pecado es precisamente la negaci贸n de la leg铆tima soberan铆a de Dios en nuestra vida. Por esto qued贸 Ad谩n desterrado del para铆so, y por esto mismo usted y yo estamos "destituidos de la gloria de Dios". Por tanto, si queremos recuperar la gloria perdida, tenemos que hacer lo contrario de lo que hizo Ad谩n; tenemos que bajar del trono de nuestro coraz贸n al yo que ha mandado hasta ahora, e invitar a CRISTO a entrar para ser nuestro SE脩OR y REY.
Esto es lo que significa "creer en Cristo". La fe cristiana no es una simple creencia en ciertos hechos hist贸ricos, por ver铆dicos que esto sean. Es m谩s bien la recepci贸n en el coraz贸n de una Persona a quien se le entregan las riendas de la vida.
As铆 lo explic贸 el ap贸stol Juan:
"A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron. Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios"
Cristo vino a su pueblo. Poncio Pilato lo presento diciendo: "He aqu铆 vuestro Rey". Y ellos contestaron: "No tenemos m谩s rey que Cesar". Ellos lo rechazaron, pero todo aquel que lo recibe por fe, como Rey de su coraz贸n, llega por esta misma decisi贸n a ser hechos un hijo de Dios.
Entonces queda claro lo que usted debe hacer para tener la vida eterna: necesita invitar a Cristo a entrar en su coraz贸n como Rey y Se帽or de su vida. 脡l desea entrar, pero espera ser invitado. Escuche sus palabras:
"He aqu铆, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entrar茅 a 茅l"
¿Le invitar谩 usted? Perm铆tanos ayudarle. Lea con cuidado la oraci贸n que se encuentra a continuaci贸n. Si est谩 usted de acuerdo con lo que dice y si de todo coraz贸n desea someter su vida a la soberan铆a de Cristo ponga su firma y escriba la fecha en los espacios en blanco dejados para este fin.
Se帽or Jes煤s, he buscado la paz, el poder y la felicidad sin hallarlos. Ahora comprendo la raz贸n. Es que mi pecado me separado de Dios, priv谩ndome de la vida abundante que 茅l me quiere dar. Pero s茅 que por amor tu dejaste la gloria para morir en la cruz por m铆. Pagaste el precio completo de la salvaci贸n, y por tu vida, tu muerte y tu resurrecci贸n me abriste el camino para volver a Dios. Se帽or Jes煤s, quiero dejar mis pecados. Y sabiendo que solo tu me puedes dar el poder necesario para vivir como debo, te invito a venir a mi coraz贸n para perdonar mis pecados y para ser Due帽o de mi voluntad de hoy en adelante. Por fe te recibo ahora como mi Se帽or y Salvador.
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