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sábado, 3 de mayo de 2025

Proverbios :: Fuera la Pereza

Cita Bíblica del día de hoy: Proverbios 19:24.

Proverbios 19:24 Reina-Valera 1960
24 El perezoso mete su mano en el plato, y ni aun a su boca la llevará. 

Fuera la Pereza.


Esta imagen que nos presenta el rey Salomón es una exageración, pero es una actitud muy peligrosa porque nos quita la disposición y la voluntad de hacer lo que debemos hacer en un momento determinado, nos hace perder oportunidades valiosas para nuestra vida y para nuestra relación con Dios. 

La imagen es muy descriptiva, el perezoso mete su mano en el plato, pero no lleva la comida a la boca. Esto no llama a la acción en nuestra vida, porque, ¿de qué nos sirve meter la mano en el plato si no vamos a comer? ¿Qué sentido tiene iniciar algo y no terminarlo?

La pereza es una gran barrera en nuestra vida y para nuestro crecimiento espiritual, ¿de qué nos sirve tener una biblia si no la leemos? ¿Para qué ser miembro de una iglesia si no asistimos? ¿Qué beneficio hay si tenemos dones y talentos si no los usamos en servir a Dios y a las personas?

Como hijos de Dios, no dejemos que la pereza nos quite el privilegio de cumplir el propósito de Dios para nuestra vida, de crecer espiritual, social, intelectual y económicamente y, sobre todo, estemos dispuestos a poner en práctica y obediencia a la Palabra de Dios. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.



Cuidemos nuestros adultos mayores



Cuando envejecen nuestros padres, se abre un capítulo con matices profundos y significativos. En este trayecto de la vida, tenemos el deber de honrar su amor incondicional permitiéndoles envejecer con la misma ternura con la que nos vieron crecer.

Debemos aprender a escuchar sus historias, aun cuando las hayamos escuchado, con la misma paciencia con la que absorbíamos sus cuentos de infancia. Es el momento de devolverles el regalo de la atención y el interés, tal como ellos lo hicieron por nosotros en nuestros primeros pasos en este mundo.

Dejemos que tengan la razón, en ocasiones, como señal de gratitud por las veces que nos dejaron ganar en juegos y discusiones. Permitámosles disfrutar de sus amigos, al igual que nosotros disfrutábamos de la compañía de los nuestros. Dejemos que las risas con sus nietos llenen sus días, del mismo modo que sus sonrisas llenaron los nuestros.

Respetemos su conexión con los objetos que han sido sus fieles compañeros a lo largo de los años, pues estos objetos son pedazos de su historia, y quitarlos es como arrancarles una parte de su vida. Aprendamos a aceptar sus errores, como ellos aceptaron los nuestros.

La última etapa de sus vidas merece ser un recorrido de felicidad. Debemos esforzarnos por devolverles el apoyo, la paciencia y el amor que nos brindaron cuando comenzábamos nuestro propio camino. Cuando el tiempo los lleve a otro lugar, encontrarás consuelo en saber que les ofreciste un acompañamiento lleno de amor y comprensión.

Honremos a nuestros padres con el regalo de la paciencia y el respeto, brindándoles el amor y el cuidado que merecen en su camino hacia el último horizonte de la vida.

A veces solo necesito recordar esto


Señor mío, gracias por este nuevo día. No sé qué me espera hoy, pero algo en mi corazón respira con más calma cuando recuerdo que Tú estás ahí, viéndome… no para juzgarme desde lo alto, sino para acompañarme paso a paso, incluso cuando yo mismo me pierdo de vista.

A veces me canso, Dios. Me esfuerzo por hacer las cosas bien, por ser fiel, por mantenerme firme, pero me cuesta. A veces siento que no estoy avanzando. Que lo que hago no cuenta. Que nadie lo nota. Y ahí es cuando me hace bien detenerme, cerrar los ojos y recordar que tú me estás viendo.

Tú ves mi corazón cuando me equivoco, pero también cuando intento corregirme. Tú ves las veces que no me rindo, aunque el mundo no lo celebre. Tú ves las batallas que peleo en silencio, esas que nadie conoce, pero que tú acompañas desde el cielo… y desde dentro de mí.

Hoy no quiero impresionarte, Señor. Solo quiero ser sincero contigo. Quiero caminar este día contigo, con la paz de saber que me miras con amor, que me conoces mejor que yo mismo, y que aun así decides no apartar tus ojos de mí.

Gracias por tu fidelidad. Gracias por no cansarte de mí. Gracias por seguir mirándome incluso cuando yo dejo de mirarte. Ayúdame a vivir este día con propósito, con verdad, y con la tranquilidad de que estoy bajo tu mirada, que no es pesada ni exigente, sino llena de ternura y gracia.

Quédate conmigo hoy, Dios. Y recuérdame —cuando se me olvide— que tú estás aquí, viendo cada paso, cada intento, cada lágrima, cada decisión. Porque eso… eso lo cambia todo.

Amen




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