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lunes, 19 de mayo de 2025

Proverbios :: Por sus Frutos los Conoceréis

Cita Bíblica del día de hoy: Proverbios 20:11.

Proverbios 20:11 Reina-Valera 1960
11 Aun el muchacho es conocido por sus hechos, si su conducta fuere limpia y recta. 

Por sus Frutos los Conoceréis.


En la sociedad actual, la imagen, la reputación y las apariencias son muy importantes. Sin embargo, aquí se nos enseña que la conducta es lo que verdaderamente importa. Podemos ser reconocidos por nuestro comportamiento limpio y recto, aun si no tenemos muchas habilidades y gran conocimiento.   

Nuestra conducta es un reflejo de lo que hay en nuestro interior, si somos honestos, justos y compasivos, nuestras acciones reflejarán esas cualidades. Por el contrario, si tenemos una mala actitud, si somos egoístas o deshonestos, también nuestras acciones lo reflejarán. 

En lo referente a lo espiritual y la fe, es fácil dejarse llevar solo por lo que creemos y pensar de nosotros mismos que estamos bien. También debemos observar lo que hacemos y por qué lo hacemos. No debemos negar que los demás nos ven y nos juzgan por medio de nuestras obras y acciones.   

“Por sus frutos los conoceréis… Todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da malos frutos, no puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo dar buenos frutos” Mateo 7:16-19. No se trata de aparentar ser buenos, sino de vivir en santidad e integridad, y dar testimonio de nuestra fe, para que otros vean nuestras buenas obras y glorifiquen a Dios (Mateo 5:16) Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.



Agradece por todo lo que tienes


Señor, te doy gracias por todo lo que me has dado, por todo lo que me das, por todo lo que me darás. Te alabo con gratitud, con reconocimiento, con admiración. Te ofrezco mi alabanza, mi acción de gracias, mi testimonio.

Te pido que me llenes de tu gracia, de tu bendición, de tu abundancia. Que me ayudes a agradecer por las cosas grandes y pequeñas, por las cosas buenas y malas, por las cosas fáciles y difíciles.

Que me enseñes a valorar lo que tengo, a compartir lo que me sobra, a no envidiar lo que me falta. Que me libres de la queja, de la ingratitud, de la insatisfacción. Que me fortalezcas con tu generosidad, con tu providencia, con tu bondad. Que me renueves con tu misericordia, con tu perdón, con tu amor. Que me acompañes en cada momento, en cada situación, en cada circunstancia.

Que me hagas más como tú, más agradecido, más generoso, más feliz. Amén


domingo, 18 de mayo de 2025

El anillo del Rey

 


Hubo una vez un rey que dijo a los sabios de la corte: 

- Me estoy fabricando un precioso anillo. He conseguido uno de los mejores diamantes posibles. Quiero guardar oculto dentro del anillo algún mensaje que pueda ayudarme en momentos de desesperación total, y que ayude a mis herederos, y a los herederos de mis herederos, para siempre. Tiene que ser un mensaje pequeño, de manera que quepa debajo del diamante del anillo.

 Todos quienes escucharon eran sabios, grandes eruditos; podrían haber escrito grandes tratados, pero darle un mensaje de no más de dos o tres palabras que le pudieran ayudar en momentos de desesperación total... Pensaron, buscaron en sus libros, pero no podían encontrar nada. 

 El rey tenía un anciano sirviente que también había sido sirviente de su padre. La madre del rey murió pronto y este sirviente cuidó de él, por tanto, lo trataba como si fuera de la familia. El rey sentía un inmenso respeto por el anciano, de modo que también lo consultó. Y éste le dijo: 

-No soy un sabio, ni un erudito, ni un académico, pero conozco el mensaje. Durante mi larga vida en palacio, me he encontrado con todo tipo de gente, y en una ocasión me encontré con un místico. Era invitado de tu padre y yo estuve a su servicio. Cuando se iba, como gesto de agradecimiento, me dio este mensaje -el anciano lo escribió en un diminuto papel, lo dobló y se lo dio al rey-. Pero no lo leas -le dijo-, mantenlo escondido en el anillo. Ábrelo sólo cuando todo lo demás haya fracasado, cuando no encuentres salida a la situación. 

 Ese momento no tardó en llegar. El país fue invadido y el rey perdió el reino. Estaba huyendo en su caballo para salvar la vida y sus enemigos lo perseguían. Estaba solo y los perseguidores eran numerosos. Llegó a un lugar donde el camino se acababa, no había salida: enfrente había un precipicio y un profundo valle; caer por él sería el fin. Y no podía volver porque el enemigo le cerraba el camino. Ya podía escuchar el trotar de los caballos. No podía seguir hacia delante y no había ningún otro camino...

 De repente, se acordó del anillo. Lo abrió, sacó el papel y allí encontró un pequeño mensaje tremendamente valioso: Simplemente decía: "ESTO TAMBIEN PASARA".

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