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viernes, 9 de mayo de 2025

Proverbios :: Es Mejor Ser Llenos del Espíritu Santo que de Alcohol.

Cita Bíblica del día de hoy: Proverbios 20:1.

Proverbios 20:1 La Biblia de las Américas
1 El vino es escarnecedor, la bebida fuerte alborotadora, y cualquiera que con ellos se embriaga no es sabio. 

Es Mejor Ser Llenos del Espíritu Santo que de Alcohol.


El vino y la sidra son bebidas alcohólicas que se han consumido desde la antigüedad. En nuestra sociedad actual, el consumo de bebidas con alcohol es tan común, que se le considera una forma de socializar y divertirse, sin tomar en cuenta los peligros que traen a nuestra vida. 

Es imposible dejar de destacar los daños que causan a la persona, familia y sociedad. Sus efectos destructivos son hechos reconocidos por todos, pero lo alarmante es que estas bebidas son muy populares en las reuniones sociales con personas de todas las edades. 

Ser sabios, es tener la capacidad de no ser dominados por el alcohol. Para muchos, esto significa no beber nada de alcohol, para otros beber con “moderación”. El apóstol Pablo recomienda que no nos llenemos de vino (embriagarnos y dejarnos dominar) sino que nos llenemos del Espíritu Santo y que Él controle nuestra vida. (Efesios 5:18).  

Aunque es fácil dejarse llevar por la fiesta y el ambiente, donde el alcohol es protagonista, un hijo de Dios no se deja dominar por este dulce demonio que lo domina y lo conduce a pecar, sino que da el control de su vida al Espíritu Santo, que lo llena, lo guía y le permite mantener una relación íntima con Dios. Yo me llenaré del Espíritu Santo y no de alcohol, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.



El ruido de la carreta

 



Se cuenta que un joven caminaba con su padre cuando se detuvieron en una curva. Después de un pequeño silencio, el padre preguntó al hijo:

—Además del canto de los pájaros, ¿escuchas algo más?

Durante algunos segundos el muchacho se concentró en los ruidos del ambiente y luego respondió:

—Estoy escuchando el ruido de una carreta.
—Correcto —dijo el padre—. Es una carreta vacía.
—¿Cómo sabes que está vacía, si no la estás viendo? —preguntó el joven.
—Es muy fácil saberlo. Cuando una carreta está vacía hace mucho ruido. Y cuanto más vacía está, tanto mayor es el ruido que hace.

Cuenta el jovencito de la historia que nunca olvidó la lección de su padre. Cada vez que veía que alguien hablaba demasiado o hacía alarde de sus conocimientos, le parecía escuchar otra vez la voz de su padre que le decía: «Cuanto más vacía la carreta, tanto mayor es el ruido que hace».

El inteligente no hace alarde de su saber pero el necio hace gala de su estupidez. Proverbios 12:23.

Quizás no hay mejor ejemplo de «la carreta vacía» que el de los líderes religiosos del tiempo de Cristo. A ellos sí les gustaba hacer ruido. Cuando ayudaban a un necesitado, lo publicaban a los cuatro vientos. Les gustaban las oraciones largas y en público, para que la gente los viera. Y cuando ayunaban ponían caras largas y desfiguradas, para que la gente admirara la piedad de ellos (ver Mat. 6: 2, 5, 16). ¿A quiénes impresionaban con sus alardes? A nadie. La gente los conocía bien. Y el Señor Jesús los llamó «hipócritas» (vers. 2, 5, 17).

Tú tampoco te dejes impresionar por esas «carretas vacías». Las vas a encontrar en todas partes. Quieren exhibir su «sabiduría», pero lo único que logran es hacer gala de su estupidez. Y por supuesto, no incurras tú mismo en ese error.

Tarde o temprano, la gente se dará cuenta de tu verdadero valor. Por lo tanto, no te afanes en exhibirlo. Que tu mayor anhelo sea ser semejante en carácter al Señor Jesús. Y tu mayor gloria, vivir para alabarlo.

Señor, permíteme vivir para alabarte, y que tus leyes me sostenga [Sal. 119; 175, NRV]

Señor, dame tu compañía

Señor y Padre amado, ¡brilla hoy a través de mi vida! Quiero alcanzar a otros con tu luz y con tu amor. Anhelo que mi corazón esté bien cerca del tuyo hoy. Quiero ser más como tú. ¡Acompáñame en todo momento, Señor! Guíame en todo lo que tengo que hacer y ayúdame a aferrarme a ti en medio del trajín diario. Que yo nunca olvide que cuento contigo en medio de cualquier situación.

Señor, quiero dar importancia a lo que es importante para ti. Que todas mis acciones y mis palabras sean de tu agrado en este día. Guíame y ayúdame.

Señor, en este día quiero abrazarme a tu presencia y a tus promesas. Quiero enfocarme en lo que tú dices sobre mí, sobre mi familia y sobre nuestras situaciones. Ayúdame a escuchar tu voz para recibir el ánimo y el consuelo que hoy me quieres dar. Llama mi atención a lo largo del día, que yo no olvide que estás conmigo y que contigo a mi lado, todo estará bien.

¡Quiero regocijarme en ti! Quiero pensar en todo lo bueno que nos has concedido a mí y a mi familia. ¡Tú has sido muy fiel! Hoy quiero mantener mis ojos puestos en ti y andar en el camino que tú deseas. Dame las fuerzas para lograrlo. ¡Te amo, Señor, y quiero vivir para ti! En tus manos estoy hoy y por siempre, amén.



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