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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Proverbios :: Gratitud y Generosidad.

 Cita Bíblica del día de hoy: Proverbios 28:22.

Proverbios 28:22 Reina-Valera 1960
22 Se apresura a ser rico el avaro, y no sabe que le ha de venir pobreza. 


Gratitud y Generosidad.


La avaricia es el deseo excesivo e insaciable de tener y acumular más y más riqueza y posesiones, aun a costa del bienestar de otras personas. Esto nos demuestra cuán dañina es la avaricia, afecta al avaro y a su entorno cercano, ya que desencadena una serie de consecuencias desagradables y dolorosas. 

Los avaros pueden caer en la tentación de actuar de manera poco ética e incluso ilegal. Es muy fácil caer en esta tentación, sobre todo, en una sociedad donde se valora el poder adquisitivo y las riquezas. Recordemos que, los bienes materiales en abundancia no son la fuente del gozo verdadero.   

El mejor antídoto contra la avaricia es la gratitud y la generosidad. Ser agradecidos nos enfoca, no en lo que tenemos y deseamos, sino en quien nos lo provee, Dios. Ser generosos nos enfoca en las necesidades de los demás, para con amor, suplir esa necesidad. 

Como hijos de Dios tenemos el ejemplo más grande de amor y generosidad, Jesucristo. Quien dejó su trono y su gloria, vino a nacer en un humilde pesebre, para enseñarnos el camino al Padre por medio de su sacrificio. Si anhelamos riquezas, que sean espirituales y, con generosidad y gratitud adoremos a Dios. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.




martes, 23 de diciembre de 2025

Provebios :: El Amor no Hace Acepción de Personas.

Cita Bíblica del día de hoy: Proverbios 28:21.

Proverbios 28:21 La Biblia de las Américas
21 Hacer acepción de personas no es bueno, pues por un bocado de pan el hombre pecará. 


El Amor no Hace Acepción de Personas.


En este proverbio se señala que no es bueno hacer acepción, distinción o dar preferencia a una persona. La parcialidad y la corrupción inicia con pequeñas concesiones y termina torciendo la justicia. Esto nos desafía a tratar a todos por igual, con equidad, a examinar nuestras motivaciones y elegir la honestidad. 

Hacer distinción o acepción de personas significa tratar a alguien de manera diferente y dar preferencia en función de su raza, género, posición social, riqueza u otros factores. Dios nos manda no hacerlo, porque Él mismo no hace acepción de personas, Él ama a toda la humanidad y murió por todos.   

Ante Dios todos los seres humanos somos iguales, somos su creación, Él no se deja llevar por la apariencia o condición de las personas (Hechos 10:34). Ante su Santidad, todos somos pecadores y nos juzgará por igual (Romanos 2:11) y nos ama por igual y, en Cristo, nos ofrece el perdón y vida eterna (Juan 3:16). 

Si Dios no hace acepción de personas, como sus hijos y su iglesia, tampoco debemos hacerlo porque nos es pecado (Santiago 2:9), sino cumplir el mandato de amarnos unos a otros como Él nos ha amado (Juan 13:34), sin etiquetas ni preferencias. Yo lo haré, Y ¿TÚ?, Te lo dejo de tarea.



El Peligro de Creer que lo Merecemos Todo


Un hombre robó el Wi-Fi de su vecino por cinco años.
El día que el vecino cambió la contraseña, encontró un mensaje que lo dejó sin palabras.

Durante cinco años, Roberto se conectaba al Wi-Fi del vecino sin pagar un centavo.
—Soy vivo —presumía.

Un día, el Wi-Fi desapareció.
Nueva contraseña.

Frustrado, fue a tocar la puerta del vecino.

—Disculpe, ¿cambió su Wi-Fi? Es que yo necesito el código.

El vecino sonrió.

—Jajaja… sabía que vendrías. Ven, siéntate.

—Durante cinco años vi tu dispositivo conectado: iPhone de Roberto. Todo este tiempo supe que me robabas la señal.

Roberto palideció.

—¿Y por qué no me bloqueaste antes?

—Porque quería enseñarte algo. Verás… yo también vivo de algo que no me pertenece.
Todos los días respiro aire que no fabriqué, un sol que no creé, como comida que viene de una tierra que no planté.
Cada latido de mi corazón es prestado.
Cada segundo de vida es Wi-Fi gratis de Dios.

—La diferencia entre tú y yo es que yo lo reconozco. Tú crees que te lo mereces.

—Por cinco años usaste mi internet sin dar las gracias. Ni una sola vez tocaste mi puerta para decir: “Vecino, gracias”.

—Así hacemos con Dios: usamos oxígeno, salud, bendiciones… y nunca decimos gracias.
Creemos que tenemos derecho a todo, que es automático, que lo merecemos.

—Hoy desconecté el Wi-Fi para que entiendas algo:
todo es prestado, todo es regalo y todo se puede quitar.

—La contraseña nueva es GRACIAS, en mayúsculas. Úsala y reflexiona cada vez que te conectes.

Roberto salió callado.
Esa noche, por primera vez en años, oró.

La Biblia nos dice en 1 Tesalonicenses 5:18:
“Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús”.

Aquí va una verdad incómoda:
¿vives como un ladrón de Wi-Fi espiritual?

Usas todo lo que Dios te da y nunca agradeces.
Tu salud, tu familia, tu próximo respiro… son Wi-Fi prestado.
Y actúas con derecho, no con gratitud.

Solo cuando Dios cambia la contraseña y te quita algo, corres a buscarlo.

La ingratitud es un robo silencioso.

Deja de vivir como si te merecieras todo.
Pregúntate: ¿Cuándo fue la última vez que agradeciste por lo básico: aire, vida, hoy?

Todo es prestado.
¿Y tú, ya agradeciste hoy?

Di gracias antes de que cambien la contraseña.
Y deseo de todo corazón que hoy Dios te bendiga.

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